Consiste en la infiltración controlada de agua superficial (ríos, lluvia, aguas tratadas) o desalinizada hacia acuíferos subterráneos, mediante técnicas diseñadas para reponer reservas sobreexplotadas o mejorar su calidad. Combina estudios hidrogeológicos, ingeniería de sistemas de infiltración (zanjas, pozos de inyección, spreading basins) y monitoreo continuo para asegurar eficiencia y sostenibilidad.

